Leandro Raposo: “dejá que la vida te despeine”

Buenas! Paso a compartirles un texto que me encanta, es un brief pubicitario de Leandro Raposo. Describe muy bien a la mujer de nuestro siglo y transmite muy buenos valores, tiene un tono realista pero emotivo. Lenguaje muy simple y concreto, bien argento. Me parece muy admirable la destreza de este creativo, un genio realmente. Supo identificar y conocer bien a su target, supo detectar un insight,  y lo más importante supo cómo comunicarlo. La publicidad genera empatía e identificación con la marca. Deja una huella, genera impacto y es fácil de recordar. Le da fuerza y voz a las mujeres, además de luchar contra los estereotipos.

Instrucciones para ser mujer en el siglo XXI: una carta para la hija que algún día voy a tener.

El mundo está loco. Definitivamente loco.

Lo rico engorda, lo lindo sale caro, que el sol te pegue en la cara arruga y lo realmente bueno en esta vida despeina: hacer el amor, despeina; reírte a carcajadas, despeina; viajar o volar, correr o meterte en el mar, despeina. Bailar hasta que dudes si fue buena idea ponerte tacos altos esa noche, te deja el pelo irreconocible.

La primera vez que nos veamos, yo voy a estar con un delantal celeste y el pelo revuelto, sin embargo no tengas dudas de que va a ser el momento más feliz de mi vida.

Es una ley, siempre va a estar más despeinada la mujer que elija ir en el primer carrito de la montaña rusa, que la que elija no subirse. Puede ser entonces Sofía, porque si de algo estoy segura es de que te vas a llamar Sofía, que te veas tentada a ser una mujer prolija. Peinada, planchadita por dentro y por fuera.

El aviso clasificado de este mundo requiere buena presencia, peináte, ponéte, sacáte, compráte, correr, adelgazar, comer sano, adoptá un Koala y vos seguís las instrucciones hasta que un día te mirás al espejo, dejás el Koala en la jaula y decís: “Ok, todo muy lindo, pero ¿Cuándo me van a dar la orden de volver a ser feliz?”

Ahí te vas a dar cuenta, de que antes de lucir linda, te tenés que sentir linda. La vos más linda que puedas ser. Para eso mi querida, las mujeres del siglo XXI tenemos algunos trucos:

Nos escondemos las arrugas y nos exaltamos los lunares, ya no dejamos que subestimen lo que pensamos y dejamos de subestimar el poder de un buen escote. Inventamos una palabra: metrosexual. Para que ahora sean ellos los que vivan paranóicos con la cremita, el pelito y los masajitos mientras nosotras nos juntamos con amigas. Y los veintiochos ya no nos ponemos histéricas porque es el día que cobramos y nos llevamos la plata para mantener la casa y premiarnos con algún par de zapatos.

Nos costó años de fumar unos cigarrillos horribles, largos y finitos pero lo logramos. Mirá a Sofía con un traje Oscar de la Renta, mirá a Sofía con un jogging  en un supermercado; mirá a Sofía durmiendo con una camisa del hombre de su vida; mirá a Sofía. La Sofía más linda que puedas ser.

Así que aquí va mi humilde recomendación:

Bailá, enamorárte, relajate, viajá,saltá, actostate tarde, levantate temprano, ponete linda, ponete cómoda,y sobre todo, dejar que la vida te despeine. De última, lo más grave que puede pasarte,es que con una sonrisa frente al espejo,te tengas que volver a peinar.

Porque el mundo está hermoso,definitivamente hermoso.

Leandro Raposo. Carta a Sofía

Vídeo: Leandro Raposo leyendo y explicando la “Carta a Sofía”

 

Vídeo: Spot publicitario de Sedal, “Madre Soltera”.

 

 

Frio de Eduardo Sacheri, un homenaje a los héroes de Malvinas

 

Buenas! Hace tiempo que no publico, tengo medio olvidado al blog. Pero,hoy no quería dejar de compartir este hallazgo: un cuento de Eduardo Sacheri que rinde homenaje a los héroes de Malvinas. Digo héroes y no otra palabra, porque es lo que son. Lamentablemente en este país nunca se los valoró como se lo merecen, por eso aprovecho para compartir esta emocionante historia.

Sacheri utiliza un lenguaje simple y sencillo, tan simple que logra acariciarte el alma con sus sencillas palabras. Me fascina leer literatura argentina y ver cómo manejan la lengua ciertos escritores. Me encanta analizar los idiomas, los dialectos y los idiolectos, es realmente interesante ver cómo utilizan nuestro lenguaje cotidiano y cómo lo plasman en papel. De esta forma, logran conectar a la gente, generan una fuerte identificación con el lector, acercan a los extranjeros y les comparten un pedacito de su cultura, de su identidad cultural. Este cuento conmemora un momento histórico, una herida que sigue latente en los argentinos, pero creo que es muy universal. Cualquiera puede identificarse con el melancólico narrador y el valiente rubio. Espero que lo disfruten.

No sé si a los demás les pasa lo mismo, pero a mí me cuesta mucho pensar en el frío si no estoy teniendo frío en el momento de querer pensar en el frío. Seguro que uno puede decir la palabra «frío» cuando se le dé la gana, pero no es lo mismo: así no es más que una palabra. Yo me refiero a pensarlo, el frío. A poder pensarlo, entendiéndolo, al frío. Es distinto decir «frío» que sentir frío. Decirlo es casi nada. Igual es una palabra distinta a «árbol» o «perro». Esas son cosas que se ven, y uno puede imaginarlas. Pero el frío no. El frío hay que sentirlo para pensarlo. Esa sensación incómoda en todo el cuerpo, esa especie de dolor suavecito que uno no se puede sacar de encima aunque quiera, esa molestia que a uno lo sigue aunque trate de escapársele y haga un montón de cosas (apichonarse, hacerse chiquito, zapatear fuerte, dar saltitos en el lugar, o lo que sea) para salirse de esa situación fea. Esas ganas tontas de querer irse lejos del propio cuerpo a un lugar que esté más tibio: tontas porque no se puede, pero uno las ganas las tiene igual. Y de todo el asunto del rubio yo me puedo acordar solamente así: con frío. Si no, no. O me cuesta mucho más. Me cuesta y no es lo mismo. Pero hoy resulta que es domingo, casi de noche, y como está terminando mayo hace un frío de novela. Además estoy solo en casa, que eso también es importante para que me acuerde. Si está la familia no puedo. Si está la familia uno piensa en cosas comunes, las de todos los días. Más los domingos, que estamos todos, hablando, tomando mate, mirando un poco de tele. Pero hoy se fueron todos a lo de la tía Ceci, que yo mucho no me la aguanto, y con la excusa de pintar la piecita del fondo me quedé y mi mujer no me dijo nada. Capaz que se imaginó que yo no quería saber nada con ir a lo de su tía, pero como lo de la pieza me lo viene pidiendo hace un montón de tiempo y yo siempre le digo que sí y después no lo hago, hoy que le dije que iba a ponerme con eso no pudo decirme nada y se lo tuvo que aguantar. Así que después de comer se fueron y yo me quedé trabajando atrás, con la radio puesta en los partidos. Pero hace un ratito corté, porque me estaba quedando sin luz y aparte con este frío y la humedad no secó lo suficiente como para empezar con la segunda mano. Igual no importa porque la primera mano la di completa y el fin de semana que viene la termino. Eso si no estoy de guardia, que la verdad que no me acuerdo y me tendría que fijar pero creo que no. Para limpiar los pinceles me traje el aguarrás y el trapo y los pinceles y me senté en la mesa del jardín, que un poco de luz de día todavía quedaba y para eso tampoco se necesita mucho más. Y ahí yo no sé si empezó a bajar el rocío o qué pero de repente se congeló el aire y en la penumbra me vi el humito saliendo de la boca y la piel de las manos me empezó a doler, pero ya me faltaba poco para terminar y no tenía ganas de llevarme todos los trastos hasta la mesa de la cocina, así que me apuré a limpiar un pincelito que uso para los marcos que me dio más trabajo porque estaba con esmalte sintético y de repente me acordé. Yo creo que fue el frío, junto con estar solo y todo eso que ya dije, pero sobre todo el frío. Pero lo de estar solo también, porque en esto me pongo a pensar cuando estoy solo. Si justo me acuerdo de todo aquello cuando estoy con alguien enseguida trato de pensar en otra cosa, porque no me gusta pensarlo cuando estoy acompañado. No es que cuando estoy solo pensar en esto me guste. Ni tampoco que no me guste. No se trata de gustar, supongo. Me acuerdo y listo. Lo que sí, si estoy solo, no me resisto a pensarlo. No es que me voy para distraerme y sacármelo de la cabeza. Me quedo y me lo acuerdo. Antes no. Antes no podía. Hace años cuando me acordaba me ponía mal y quería arrancármelo como si fuera un trapo que me quemase la piel por adentro. Ahora ya no. Ahora me lo acuerdo y como mucho me pongo triste. Pero es una tristeza que me aguanto y está bien. No es como cuando me daban pesadillas. Ahora como mucho son sueños, y de vez en cuando. Muy de vez en cuando. A la mañana, mientras tomo mate con mi mujer, le cuento. Le digo «hoy soñé con el rubio», y ella me entiende y no me pregunta nada. Hace muchos años sí. Cuando yo le contaba me insistía con que fuera al psicólogo o al doctor o algo, que eso me hacía mal y que buscara ayuda. Y como yo me emperré siempre con que no, terminábamos discutiendo. Ahora ya no.

Por eso hoy, que con el frío me acordé del rubio, me quedé sentado echando vapor por la boca; y con la última luz del día vi que las manos se me ponían todas rojas. Eso nunca terminé de entenderlo. Cómo es eso de que con el frío a uno la piel se le pone roja. Una vez, estando allá, le pregunté a un oficial y me contestó algo de que era porque faltaba sangre, por el frío. Pero entonces entendí menos, porque si la piel se pone roja es por la sangre, y si falta sangre tendría que ponerse de cualquier color menos roja. A veces me da bronca no haber estudiado más. Saber más cosas. Siempre me dio vergüenza sentirme un bruto comparado con algunos colimbas. Estando allá me pasó con dos o tres. Con el rubio, sobre todo. Capaz que fue por eso que le prometí a la Virgen que si me sacaba de ahí iba a estudiar el secundario. De entrada no pude porque me destinaron a Neuquén y encima me casé y no pude. Pero después me tocó Campo de Mayo y ahí sí cumplí la promesa. Una vez, en la época en que me daban pesadillas, se me ocurrió visitar a los padres del rubio. Mi compadre Ramírez estaba destinado en el Estado Mayor y me consiguió la dirección en el archivo. Me llegué hasta Haedo y di unas vueltas para pasar por la vereda. Dos veces. La segunda justo salió una mujer de la casa. «La madre», pensé. Pero no estoy seguro porque no le hablé. Pensé que era la madre porque se parecía. La piel, la nariz finita, los ojos medio claros. Pero no estaba seguro y aparte capaz que no era. Habían pasado como quince años y en una de esas, nada que ver. Capaz que se habían mudado y era otra familia. A veces el parecido es así. No es que los hijos se parezcan a los padres sino que uno ve a los dos y le busca el parecido. Con mi hijo el mayor me pasa siempre. Todos dicen lo parecidos que somos. Más ahora que entró en la Escuela y con el pelo corto hasta a mí me hace acordar a como era yo hace veinte años. Así que no le dije nada. Nos cruzamos por la vereda y nos vimos un segundo y nada más. Llevaba una bolsa de compras. Ella me miró y yo me asusté. No sé por qué. Será porque me miró fijo, apenas un segundo pero fijo, como si me conociera. A lo mejor fue por el uniforme, que me miró. Yo calculo que fue por eso. Después no volví más. Pasó el tiempo, me fui acordando menos, y lo fui dejando. Era callado, el rubio. Andaba siempre en la suya, y con los demás se mezclaba poco y nada. No era que fuera un engrupido, no era eso. Pero era distinto. No sé bien por qué cuernos terminó en la Compañía. Los otros colimbas eran casi todos de Corrientes, de Oberá y la zona esa. Y el rubio, mezclado con ellos, parecía una mosca blanca. Los demás eran morochazos, más como soy yo. Pero éste era blanquito, y mucho más alto. Hasta las manos las tenía diferentes. Blancas, lisitas, se le veía que nunca en la vida había agarrado una pala, un martillo, nada de nada. A la legua se notaba que lo del rubio venía por el lado de los libros y esas cosas. Porque aparte usaba unas palabras que parecían sacadas del diccionario y se las entendía él solo, a veces. Y otros colimbas, que en su perra vida habían bajado del monte, lo miraban como si fuera un bicho. Yo tenía tipos que nunca habían visto un inodoro hasta entrar al cuartel. Y claro, comparado con ellos, el rubio parecía un marciano. De entrada me dio bastante trabajo, ese asunto. Porque dos o tres colimbas se lo tomaron de punto. Lo cachaban todo el tiempo con eso de que si era delicado, o si era demasiado limpio, o prolijito, esas pavadas. O me decían a mí, hablando fuerte para que el otro escuchara, que el rancho lo prepare el rubio que seguro que en la facultad le enseñan cocina, decían. O que la letrina la cave el rubio que seguro que sabe porque va a ser arquitecto. Yo les frenaba el carro porque lo que menos quería era que me enquilombaran la Compañía. Y aparte el rubio me daba lástima porque era buen soldado y trataba de no engancharse con esas jodas y no calentarse. Pero era guapo. Una vez no sé de dónde sacaron los colimbas una especie de pelota. Creo que la hicieron con un par de borceguíes que los ataron cruzados y medias que no servían y ataron todo con cordones del calzado. Como no había ningún oficial por ahí cerca yo los dejé. Justo en contra del rubio jugaba uno de los que lo tenía de punto. Salinas, se llamaba. Un morocho grande como una puerta. Y fue empezar a jugar y Salinas lo entró a cagar a patadas. Porque encima el rubio era bueno. La movía y el otro se empezó a poner loco y cada vez que lo gambeteaba empezó a cruzarlo como si nada. De entrada el rubio se lo aguantó hasta que no pudo más y en una de esas se levantó y reaccionó y se entraron a dar de lo lindo, y aunque el otro era grandote el rubio no se le achicó. Y ligaron los dos, la verdad. Un poco me puse contento porque el rubio me caía bien. Igual hubo que castigarlos a los dos porque en cuestiones de disciplina uno no puede hacer diferencias, y menos en un sitio como ese. Cuando los tuve que bailar, bailaron todos. Ni más ni menos. No era que yo quisiera o dejara de querer. Tenía que bailarlos y punto. La orden era esa, porque así iban a estar alertas y con la moral alta. Una vez le pregunté por arriba, al oficial, por ese asunto de tenerlos tan cortitos y me cortó en seco. Bien, pero me cortó de una. Así está bien, Ramírez, me dijo. Así está bien. Haga que se calienten con usted, así después se sacan toda la leche con el enemigo. Me acuerdo que me sonó raro eso del «enemigo». Como las películas de guerra de los sábados a la tarde, sonaba eso del «enemigo». Igual a los dos o tres días se pudrió todo. Porque cuando entraron a caer las bombas y a sonar los tiros, otra que una película. Los dos primeros días de bombardeo estuvimos metidos en los pozos con la orden de aguantar sin asomar la nariz, hasta que pasara. Pero resulta que no pasaba nunca. Se suponía que tenía que parar la cosa tarde o temprano, pero seguía. A veces parecía, porque pasaban veinte minutos, media hora, que no caía ningún bombazo cerca y uno pensaba que ya estaba, que habían rajado para otra parte. Pero después, mierda, entraban a caer de nuevo y otra vez adentro del agujero con el agua hasta los tobillos y un cagazo de Padre y Señor nuestro. Y de repente se vino el oficial con la orden de que había que entrar a tirar sí o sí porque ellos se venían al humo. Durante todo ese tiempo de espera había pensado que cuando se armara el batuque el miedo me iba a borrar todas las ideas y todos los recuerdos. El hambre, la tristeza por la familia, las ganas de volver, el frío. Ese frío de mierda, sobre todo. Estaba convencido de que en el medio de los tiros no me iba a quedar lugar en la cabeza para otra cosa que no fuera estar atentos a tirarles y a que no nos dieran. Pero no. Más bien que estaba muerto de miedo de que a la primera de cambio me cagaran de un tiro. Pero ese miedo me venía revuelto con todo lo demás. Con extrañar y con querer volverme y con el frío. Ese frío de todo el tiempo y de todos lados, que a uno lo seguía hasta cuando se dormía y le amargaba hasta los recuerdos y le sacaba las ganas de todo. Como la guerra. Igual que ahora, que ya es noche cerrada, y también se me acalambran los dedos y no siento los pies. Pero ahora es distinto, porque me meto a mi casa y ya está: prendo las hornallas y acerco las manos y listo. Pero allá no se podía. A uno no le dejaban encender fuego. No delate la posición. No sea pelotudo, le decían. Aunque a la final a mí me parece que hubiera dado lo mismo, porque nos tiraban de todos lados y a todas horas, porque hasta un pelotudo con escuela primaria como yo se daba cuenta de que nos estaban dando una paliza. Pero el teniente había dicho de acá no se mueve nadie, carajo, porque al que se mande mudar lo cago de un tiro yo mismo y les ahorro el laburo a los ingleses, dijo. Dijo así pero resulta que el último día, o la última noche, mejor dicho, porque fue de noche, yo mandé un colimba a buscarlo porque nos estaban dando sin asco y resulta que el tipo no estaba, y yo primero no le creí al colimba y pensé que era mentira que había ido hasta el puesto y mandé a otro pero resultó lo mismo, el teniente no estaba porque se había tomado el buque, eso había pasado. Y en ese momento yo medio que me taré porque resulta que estaba al mando y tenía a ocho colimbas igual de cagados de miedo que yo y nadie a quien preguntarle qué carajo hacer y los guachos se nos venían, tiraban y se nos venían. Y ahí fue cuando saltó el rubio. Saltó y agarró la ametralladora que teníamos en el pozo de adelante y me dijo si usted me ayuda los cubrimos. Y yo le dije que sí porque el rubio me miraba fijo y parecía tranquilo y parecía que el jefe era él. Bueno, tranquilo no porque tenía cara de loco y gritaba, pero por lo menos sabía qué hacer en medio de semejante quilombo. Y fue por eso que yo empecé a tenerle la cola de munición y él tiraba y les gritaba a los conscriptos que rajaran, que se fueran, y dale que dale tirando para un lado y para otro y los demás colimbas primero no atinaron a hacer nada porque el que gritaba era el rubio, pero ahí yo les grité lo mismo y la voz mía se escuchó porque parece que no pero con la ametralladora daba la impresión de que los teníamos a raya y el fuego de ellos era más raleado. El primero que rajó fue un conscripto alto y flaco, ñato, que se llamaba Gutiérrez, y cuando los otros vieron que se perdía detrás de la loma agarró Salinas, el del picado de fútbol, y salió corriendo para el mismo lado como una flecha, y los otros detrás, que para correr más rápido algunos hasta dejaban los FAL ahí en el piso, y el rubio tiraba, puteaba, tiraba y me pedía más munición, le brillaban los ojos y seguía tirando. A la final nos quedamos solos y me dijo rájese, y yo de entrada pensé que no, que no lo podía dejar y le dije que no, pero el rubio me insistió y ahí nomás le dije que sí. Y eso es más que nada lo que a mí me sigue dando vueltas ahora, tantos años después. Porque yo también pude haber dicho andate vos, pibe, que yo me quedo. Solamente una vez, creo, llegué a decirle dejá, nos quedamos los dos. Pero el rubio me insistió y entonces le dije que bueno. Es el día de hoy que no sé si en medio de semejante quilombo alcancé a darle las gracias. A mí me gusta pensar que sí, que se las di, pero la verdad es que no me acuerdo. Capaz que sí o capaz que no, que salí rajando todo lo rápido que me dieron las patas y punto, viendo el bordecito de arriba de la loma y pidiéndole a Dios que me dejara llegar al otro lado. Y el rubio largó la ametralladora y agarró el FAL y mientras yo corría alcancé a sentir todavía los estampidos del fusil y al rubio que los puteaba y les tiraba, los puteaba y les tiraba. Supongo que fue por eso que una vez le pedí a mi compadre que me buscara la dirección de los padres, ahí en Haedo. Pero igual no me animé. Porque no sé si hicimos bien en eso de hacerle caso y correr, de dejar que se quedara él. A lo mejor había que salir todos y ver qué pasaba. O a lo mejor no, porque si hacíamos eso nos cagaban a tiros a todos y era peor. No lo sé, y eso es lo que más vueltas me da. O a lo mejor lo que me come la cabeza es que tendría que haberme quedado yo, que lo que hizo él lo tendría que haber hecho yo, porque el rubio era un colimba y nada más. Pero el rubio en ese momento era otra cosa, como más grande, más hombre que todos los otros. O capaz que yo lo pienso porque me conviene, porque así me siento menos cobarde. La verdad que no sé.
A lo mejor esa vez que me fui hasta Haedo tendría que haber parado a la mujer y haberle preguntado. Capaz que la mujer me miró fijo porque era. Porque me vio con uniforme y le hice acordar al rubio. No sé. O por lo menos decirle algo. Decirle quién era yo. O decirle que al pibe más grande le puse Fernando por el rubio. O capaz que no se puede, porque decir una cosa hace que uno diga otra y a la final tenga que decirlas todas y no puedo. Porque a contarlo todo no me animo.


Eduardo Sacheri | Del libro «Un viejo que se pone de pie y otros cuentos», Ed. Galerna, 2007.

 

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Audio: Frio de Eduardo Sacheri relatado por Alejandro Apo para Radio Continental.

Foz do Iguçu

Buenasss!

Les comparto tips para hacer un viaje a las cataratas. Está escrito por una amiga mía que estudia turismo. Yo también tuve la oportunidad de viajar n el 2008, pero solo al lado argentino. Súper recomendable. Es un lugar único, lleno de energía. Para los amantes de la naturaleza este es SU lugar. También para aquellos que buscan un destino para descansar y encontrar paz y tranquilidad.

El fin de semana largo del 17 al 20 estuve en Foz Do Iguaçu. Fui con toda mi familia, 9 en total( 4 mujeres + 3 varones + 2 padres)
Fueron dos días de viaje en auto y dos noches.

Nos alojamos del lado Brasilero en Foz Do Iguaçu, la aduana la hicimos muy rápido y después fueron 3 km hasta el hotel Recanto Cataratas el cual lo sacamos con una promoción. No se encuentra en el centro de la ciudad pero es muy fácil de llegar.
El hotel Recanto Cataratas es un Resort 4 estrellas. Que cuenta con absolutamente todos los servicios de un hotel de esta categoría. Nos hospedamos en 3 habitaciones: 1 doble matrimonial std, 1 triple std y 1 cuádruple std todas en el mismo piso y pasillo. Las camas y las habitaciones nos resultaron muy cómodas. Igualmente hay mas categorías de habitaciones. Todas las habitaciones contaban con un baño amplio y buena ducha, una mesa con sillas, TV, Aire acondicionado, un placard, y una con balcón.

En cuanto el servicio, excelente desde el principio hasta el final. El desayuno que fue lo que teníamos incluido tenía una gran variedad con muchas frutas, jugos de típicos de Brasil. Recomendaría este hotel para invierno tanto como verano ya que dentro del hotel hay un montón de opciones de entretenimiento desde gimnasio, pileta climatizada, un bowling(el que hay que abonar para usar), juegos de mesa, una disco, cancha de tennis, futbol, Mucha recreación para los más chicos desde personal hasta juegos interactivos de selva. Además de todo lo que ofrece el hotel también lo recomendaría por la fácil accesibilidad que tiene, cercanía a cataratas del lado Brasil, aduana y centro de Foz. También, me parece otra muy buena opción ya que te estás en otro país lo que le da un toque especial, cambia el idioma, la gastronomía. Además foz cuenta con variados shoppings y algunos con marcas bastante buenas.

El primer día hicimos catratas brasileras, Dejamos el auto en el estacionamiento del lado del Parque de las Aves que queda enfrente de la entrada al parque. Ya que si dejas el auto adentro te cobran 21 reales. Yo recomendaría para los pasajeros que lleven un impermeable o algo para cubrirse del agua ya que en una de las pasarelas te empapas, y si es invierno peor. Igualmente venden capas de lluvia en la entrada, pero nosotros al ser tantos compramos un par y otros llevamos nuestros impermeables. Esta visita nos llevo medio día, la verdad es que las pasarelas se hacen bastante rápido comparando con el lado Argentino. Pero lo que lleva mas tiempo es hacer la fila para la vuelta en colectivo al centro de visitantes, lleno de gente.

El segundo día hicimos Cataratas Argentinas, que nos llevo todo el día y no logramos terminarlo. Primero nos tomamos el tren hacia la estación para garganta del diablo. En esta parada hay un subway muy chiquito, así que si se pueden llevar comida o solucionarlo de otra manera mejor porque con la cantidad de gente que había hacer la fila lleva su tiempo. La pasarela además de Garganta del Diablo es un poco larga, pero para mí fue lo mas impresionante y mas lindo del parque.

Después hicimos circuito Superior, ¡Muy lindo también! Las pasarelas son mucho mas largas con lo cual no hicimos el circuito inferior ni ninguna excursión por que ya estábamos cansados(algunos enfermos) Esta bueno también dar la posibilidad de hacerlo en 2 días, dependiendo de los paxs. Igualmente a la vuelta de Cataratas Argentinas fuimos al free shop del lado Brasilero. Muy bueno!! Muchas ofertas y mucha variedad de productos!

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¿Consumo o Ceguera?

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El punto de partida de mi proyecto de arte fue el documental Home de Yann Arthus Bertrand, en el que descubrí la diversa cantidad de culturas, paisajes y territorios que se presentan en nuestro planeta.  Produjo un impacto muy fuerte en mí al hacerme abrir los ojos sobre la  irresponsabilidad de sus habitantes, frente al cuidado de nuestro propio hogar, la Tierra. A partir de estas ideas, observé el fenómeno del consumismo como una de las principales causas de los daños provocados por la acción del hombre: de nosotros, de vos, de ellos y de la mía.

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Empecé mi investigación criticando las necesidades de acumular y comprar, provocadas constantemente por el mercado, la publicidad y el marketing que nos incentivan constantemente a consumir. Confieso ser materialista y destaco que es un trabajo personal y autocrítico. No puedo hablar del hombre y su accionar en tercera persona, yo soy igual de responsable que todo el resto. Ello no quiere decir que no intente cambiar estas actitudes y hábitos inculcados por las costumbres y creencias que me fueron impuestas por mi sociedad, mi cultura, mi país.

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Etiquetas

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En mis obras se plasman las ideas de acumulación y horror al vacío. Entiendo a la acumulación como una herramienta de expresión visual, que me permite hablar sobre el consumo y la producción masiva y seriada. Por otra parte, el uso del horror al vacío es un recurso que me permite reforzar la idea de tener la necesidad de comprar cosas todo el tiempo como si tuviéramos que llenar espacios. El consumismo se basa en la acumulación de objetos, es como una red o espiral que nos encierra y confunde.

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PACMAN

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Rescaté la importancia del reciclaje, ya que considero indispensable concientizar e incentivar a los ciudadanos, a hacerlo, y trato de trasmitir en mis obras, que esta medida contribuye a frenar la contaminación y a comprometernos con el medio ambiente.

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Básicamente mis producciones se enuncian a través de elementos que simbolizan el consumo como  la cartera, la moneda y el carrito de compras. Quiero expresar como ‘el consumismo nos consume’ de cierta forma, haciéndonos creer que por comprar/ poseer objetos seremos felices. Este fenómeno nos sobrepasa, nos engaña y manipula, nos convierte en materialistas apartándonos de lo espiritual.

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Realidades Paralelas Delfina Morales

Este proyecto lo realicé entre el 2012 y el 2013 siguiendo las pautas del examen IB. Fue un trabajo muy interesante y enriquecedor, me dio la oportunidad de investigar e indagar más sobre el arte, descubrí artistas, galerías y ferias de arte, y sobre todo creo que aprendí muchísimo y que me ayudo a crecer como persona y a valorar lo que hago. Espero que les haya gustado, abajo comparto un link donde se pueden ver más fotos.

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https://porteniasuburbana.tumblr.com/

http://www.instagram.com/porteniasuburbana

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Saludos,

-Rebecca

“Ni son Estado, ni son islámico”

Buenos días, hoy paso a compartirles el testimonio de un español que estuvo luchando en Siria para defender a los kurdos del ataque del Estado Islámico. Los testimonios como el de Arges inspiran y nos hacen replantearnos muchas  cosas… El año pasado tuve la oportunidad de escuchar en vivo al  testimonio de la hermana Guadalupe, de una comunidad cristina de Alepo. Su charla fue realmente impactante, me dejó con mil interrogantes. Me ayudó a informarme y a mirar con otros ojos la cultura árabe. De ella aprendí que quedarse callado no ayuda a nadie. Pensar “uy pobre gente, que horror” no va a cambiar nada, ni va a frenar ninguna guerra.

No sé cómo frenar una guerra, pero he aprendido a no callarme. Lamentablemente, todos los días se viven injusticias, todos los días alguien es atacado física o psicológicamente. Hay mucha gente sufriendo en todas partes del mundo, no solo en Siria. Por eso, creo y aprendí a comprender gracias a Guadalupe, que podemos ayudar y mucho. Lo que necesita Siria en este momento es que se tome conciencia, que se den a conocer las atrocidades que ocurren todos los días en sus tierras, que la gente se empiece a movilizar y principalmente que los medios de comunicación se pongan las pilas. No puede ser que no le den cobertura que se merece -por así decirlo- esta guerra, los medio de comunicación son muy poderosos y son una herramienta que puede ayudar a destruir ejércitos, naciones e ideologías.

Cuando ocurrió la tragedia en París todo el mundo se movilizó,  fue tapa de revistas y diarios de todo el globo,  y hasta la gente cambió su foto de perfil de Facebook con los colores de su bandera. Pero, nadie estaba al tanto ni le estaba dando cobertura a Siria o a Turquía, que están sufriendo este infierno hace años. ¿Acaso nos olvidamos de dónde vienen las bombas, de quiénes comandaron el ataque?

Siento que estamos viviendo una nueva guerra mundial  y no nos estamos dando cuenta. Esta vez no se trata de la persecución a los judíos, ni de Hitler. Se trata de una ideología fudamentalista que tiene el ejército, nada más y nada menos que de mártires, muy poderoso con una gran cantidad de ingresos, al que no se lo puede parar porque no hay  poca gente dispuesta a frenarlos.

Me parece realmente lamentable que se sigan silenciando estas cosas. Me da bronca que los medios europeos/estadounidenses sigan dejándonos de lado de lado a Asia, a África y Latinoamérica. Siempre digo que no es bueno generalizar, por eso aclaro que no todos entran en la misma bolsa. Vice News me presentó la historia de Arges y gracias a ésta pude descubrir este medio, y darme cuenta que estaba equivocada. Sin embargo, sigo creyendo que los grandes medios de comunicación no están ayudando lo suficiente.

A continuación, les comparto el documental de la entrevista de Arges.

Arges Artiaga: Un español contra Estado Islámico

El español Arges Artiaga [nombre de guerra] pasó cuatro meses combatiendo en las filas de la milicia kurda de las Unidades de Protección Popular (YPG) contra Estado Islámico. En el frente, Artiaga ha sido francotirador y jefe de unidad militar. Siempre ha “guardado una granada” para sí mismo porque “es mejor morir que ser capturado por Estado Islámico”, a cuyos combatientes califica como “cobardes”.

Durante los combates ha perdido varios compañeros de forma traumática y ha tenido la oportunidad de luchar y convivir con un desertor de Estado Islámico. Como Artiaga, con el que VICE News se ha encontrado en un pueblo del norte de España, alrededor de 400 combatientes extranjeros se han enrolado en las YPG desde 2012, entre ellos decenas de españoles. Detenidos, fichados por la policía, haciendo su vida normal o pensando en volver al frente, la mayoría cambiaron un estilo de vida occidental por las armas, el uniforme militar y las trincheras. Es el caso de Artiaga, que no viajó hasta la zona por motivaciones políticas sino por solidaridad con el pueblo kurdo ante la brutalidad de los yihadistas.

Hablamos con un español recién llegado de Siria donde ha luchado contra Estado Islámico. Leer más aquí. 

Aquí está parte de la entrevista escrita, el link de arriba muestra la nota completa.

VICE NEWS: ¿Cuándo y por qué decidiste viajar a Siria para luchar contra Estado Islámico?
Arges Artiaga: Fui a primeros de marzo a la zona de mayoría kurda del norte Siria para ayudar a la gente y por solidaridad, en mi decisión no hay ninguna motivación política ni ideológica. En casa veía los vídeos en el telediario y observaba como la comunidad internacional no estaba haciendo prácticamente nada para frenar el avance de Estado Islámico.

¿Cómo preparaste el viaje? ¿Fue difícil entrar en el Kurdistán sirio?
El grupo The Lions of Rojava [una brigada de extranjeros de las YPG] me asesoró y ayudó a realizar el viaje. Compré el billete sin pensarlo mucho y volé hasta el Kurdistán iraquí desde donde entré a territorio sirio.

¿Cuál fue la reacción de familiares y amigos cuando les explicaste que te ibas a Siria a luchar contra Estado Islámico?
En un principio no quería comentarlo y mi idea era marchar y decírselo después. Pero finalmente decidí hablar con mi novia y mis familiares más cercanos antes de viajar. Primero lloraron y mostraron mucha preocupación, pero al final están muy orgullosos de mí.

‘He alcanzado a entre 10 y 12 combatientes islamistas’.

¿Tenías algún tipo de experiencia militar?
Sí, había hecho el servicio militar en el Ejército español y, por lo tanto, estaba familiarizado con el uso de armas.

¿Cómo fueron tus primeros días en Siria?
Antes de ir al frente, recibí instrucción militar en una academia para familiarizarme con las tácticas que utilizan las YPG ya que actúan como una milicia y no un ejército. Fueron días muy provechosos para entender como actúan las YPG y como se mueven.

¿Había más extranjeros combatiendo a tu lado?
Actuábamos en brigadas de 40 combatientes y, de ellos, entre 10 y 15 éramos extranjeros. Había gente de todas partes, incluso iraníes no kurdos. Durante mi estancia en Siria he coincidido con un chico catalán que se dedicaba a dar asistencia médica y con un combatiente vasco de Bilbao, pero tengo constancia que han habido alrededor de 12 combatientes españoles luchando en diferentes zonas como Kobane o Singal.

Arges Artiaga, segundo por la derecha, junto a dos combatientes españoles, un iraní, un danés y un hawaiano tras la toma de las montañas Abdul Asis. Imagen vía Arges Artiaga.

La milicia kurda tiene una ideología de izquierdas y feminista, ¿crees que la mayoría de voluntarios viajan por motivaciones políticas o ideológicas?
Evidentemente hay gente que va por ideología, pero creo que la gran mayoría lo hace para ayudar a la gente y porque no les gusta lo que está haciendo Daesh.

¿Cómo acoge la milicia kurda a los extranjeros?
El trato de la gente ha sido genial. Es una cultura increíble donde en todos lados te dan la bienvenida. Ha habido algunos roces pero eso es normal en cualquier convivencia.

A pesar de estar mal equipados, la milicia kurda ha arrebatado mucho terreno a Estado Islámico.
Los combates son una locura porque las YPG no disponen de los medios que tiene un ejército profesional para coordinarse. No tienen radios ni tecnología y esto hace que a veces sea todo un poco caótico. Pero la ausencia de tecnología la suplen con valentía.

Has estado más de cuatro meses en el frente combatiendo contra Estado Islámico. ¿Qué tipo de situaciones has tenido que afrontar?
He perdido varios compañeros y, entre ellos, a un buen amigo kurdo que voló por los aires delante de mí al pisar una mina. Pero los combates tampoco han sido muy frecuentes porque Daesh rehúye el enfrentamiento directo. Ante una ofensiva suelen huir. Normalmente abandonan a los heridos y a los más viejos y se marchan. Ellos son muy buenos en emboscadas, ataques sorpresa y en la colocación de artefactos explosivos. Solo son valientes cuando pillan al enemigo desprevenido pero lo más habitual es que salgan corriendo.

¿En que zonas de Siria has luchado?
He combatido en Tel Tamer, Tel Hamis, en el sur de Sere Kaniye y el último sitió donde combatí fue Tel Abyad. De hecho, regresé a España el mismo día que tomamos la ciudad.

¿Con qué tipo de armamento contabas?
Soy francotirador. Durante tres meses luché con un kalashnikov esperando un buen rifle y finalmente lo conseguí. Con él he podido luchar cerca de mes y medio.

¿Cuántos miembros de Estado Islámico has alzancazo?
He alcanzado a entre 10 y 12 combatientes islamistas.

Daesh tortura, humilla y ejecuta públicamente a muchos de sus rehenes capturados. ¿Tenías alguna consigna para no ser capturado por la organización yihadista?
No existía ninguna orden concisa pero todos teníamos alguna bala o granada reservada para nosotros mismos para evitar ser capturados por Daesh. Mejor caer luchando que en un vídeo en Youtube.

Los kurdos han conseguido conectar la región de Jazira — donde se encuentra Qamishli — y Kobane. ¿Qué papel han jugado los ataques aéreos de la coalición internacional en este avance?
Es una ayuda fundamental. Quiero agradecerles su ayuda y sobre todo a Francia porque se emplea a fondo. Los bombardeos están muy bien dirigidos y existe una buena coordinación con las YPG sobre el terreno. Por ejemplo, si nosotros estábamos muy cerca de la posición que iban a bombardear se esperaban dando vueltas en el aire y nos avisaban de que nos retiráramos. Iban con mucho cuidado para no producir bajas amigas.

 ‘Siempre teníamos alguna bala o granada reservada para nosotros mismos para evitar ser capturados por Daesh. Mejor morir luchando que en un vídeo en Youtube’.

En la milicia kurda mujeres y hombres combaten codo a codo contra Estado Islámico. ¿Has luchado junto a ellas en el frente?
Sí. Y son unas combatientes con unos huevos muy bien puestos. Se toman muy en serio la lucha porque combaten por la libertad de las mujeres.

Milicianos extranjeros de las YPG como el estadounidense Jordan Matson han reclamado públicamente más ayuda de Occidente a la milicia kurda. ¿Qué opinas?
Pienso en la misma línea. Además, los valores que tiene la sociedad kurda son como los nuestros. Creen en la democracia y en la libertad. En aquella región da igual que seas musulmán, cristiano, kurdo, árabe, blanco o negro. Tampoco les importa cuáles son tus ideas políticas porque lo que valoran es que hayas ido a ayudarles en la lucha contra Daesh. El ejército de Irak no puede con Daesh. Los peshmergas [la milicia kurdo iraquí] son casi un ejército y disponen de buen armamento. En cambio las YPG en Siria han conseguido grandísimos avances y expulsado a Daesh con un armas en su mayoría rusas, muy viejas y casi obsoletas.

¿Ves posible la instauración de una autonomía kurda en Siria?
Lo primero que me dijo un comandante fue: “a nosotros no nos importa el estado, nos importa la gente”. Y yo me quedo con esa idea.

El 6 de julio dos combatientes comunistas que también habían luchado en Siria con la milicia kurda fueron detenidos y ahora están en libertad con cargos. ¿Tienes miedo a ser detenido?
No tengo miedo, pero vivo en la incertidumbre de si van a detenerme o no. Yo regresé a España a través del aeropuerto de Madrid. No tuve ningún problema ni me preguntaron nada.

¿Te planteas regresar a Siria?
Todos los días tengo ganas de volver. Si no lo hago es por mi chica y por mi salud, ya que regresé con una disentería grave.

¿Qué ocurrió?
Perdí casi 20 kilos y estuve hospitalizado en tres ocasiones en Qamishlo, Sere Kaniye y Tel Tamer. Y el médico me aconsejaba que volverá a casa. Pero veía a los heridos tan graves que había a mi alrededor así que cogía el rifle y me volvía para el frente. Ahora estoy mejor, estoy recuperando peso y algunos días voy al gimnasio.

Arges Artiaga recibe tratamiento médico en un hospital del Kurdistán sirio tras sufrir disentería y perder 20 kilos. Imagen vía Arges Artiaga.

 

Mamba, menesunda, Minujín

En diciembre del año pasado, con 40 grados fui con una amiga a recorrer Buenos Aires. Ella no es tan porteña suburbana como yo, porque vivió el año pasado en Recoleta. Las dos compartimos el amor por el arte y los viajes, ella estudia Turismo, yo Comunicación Social.

Nos conocemos desde jardín de infantes y nuestras familias son muy unidas. Nos encanta escaparnos de los suburbios para irnos a recorrer Baires. A estas escapadas me gusta llamarlas “saliditas culturales”. Las hago con distintas amigas, pero ella es la que siempre se prende de una.

Otra de mis amigas con la que comparto visitas a museos, me recomendó que vaya al Mamba porque estaba una exposición de Marta Minujín. No conocía el Museo así que parecía la excusa perfecta para ir a conocerlo. Mi plan de ir a turistear era ideal para diciembre, una vez que terminará de rendir mis finales iría, antes de navidad. Ni bien empecé mis vacaciones, me habló Jose y me dijo si quería ir a turistear o ir algún museo.

Investigué la agenda cultural, para ver qué podíamos hacer además de ir al Mamba. Le propuse mi plan a mi amiga y ella lo aceptó. Salimos a media mañana para llegar allá al mediodía. Mi amiga no conocía el Barrio Chino de Belgrano, así que fuimos a visitarlo y a almorzar ahí.

Hacia mucho calor, nos vino muy bien el descanso y el recargo de energía. Comimos un menú ejecutivo, ella chau fan y yo sushi. Luego, caminamos hasta la estación de subte y recorrimos toda la ciudad desde los vagones, de Belgrano a San Telmo.

Nos bajamos del Mamba y caminamos directo al Mamba. No teníamos planiado recorrer San Telmo ese día, no conocíamos la zona y estábamos a pata. Además, queríamos recorrer más museos. El Mamba está al lado del Macba, pero este último estaba cerrado ese día.

En el Mamba, lo que más me gustó fue “La Menesunda”. Me encanta Marta Minujín, había visto alguna de sus obras en ArteBA pero nunca había ido a ninguna de sus exposiciones. Sinceramente, no se si definirla como exposición, performance o instalación, creo que es una mezcla de todas. La experiencia fue increíble, me fascina la idea del “arte vivo”, creo que no hay nada mejor que cuando el arte te produce sensaciones. Las performances son/fueron muy criticadas, algunos siguen sin considerarlas como arte. Yo el año pasado tuve la oportunidad de presenciar tres, y me parecieron espectaculares. Es una forma muy distinta de percibir el arte, donde vos sos el protagonista o parte de la obra.

En el Museo también tuvimos la oportunidad de conocer las obras de Ana Gallardo, la Colección del Museo de Arte 1950-70 (Debates en el Centro: Abstracción y Figuración), La paradoja en el centro (ritmos de la materia en el arte argentino de los años 60).Terminamos el recorrido en el Centro Cultural Recoleta -uno de mis lugares preferidos.

Les súper recomiendo ir sobre todo al Mamba, aprovechando hasta el 22 para ir a ver ” La Menesunda” de Marta Minujín, creo que algunas de las expos que vi siguen y también están por abrir nuevas. Abajo comparto dos notas con información sobre esta obra que tanto mencioné, para los que no pueden ir, para los que tienen ganas de ir o para los curiosos. A su vez, recomiendo ir al Centro Cultural Recoleta, que siempre tiene propuestas muy interesantes y variadas. Al Malba, a ver “La Balerina” de Jeff Koons y Perspectiva de Jorge Macchi. Yo todavía no tuve la oportunidad de ir a visitarlo, pero esta en mis planes para la semana que viene. Jeff Koons es un artista reconocido mundialmente, sus obras son de otro mundo y es una oportunidad imperdible. También, para los apasionados por la fotografía pueden pasar por el Malba a ver Marcados de la brasileña Claudia Andujar. Por último, no se pierdan ArteBa del 19 al 22 de Mayo en La Rural.

¡Últimas semanas para recorrer La Menesunda según Marta Minujín!

El horario de acceso es de 12 a 18 hs. La capacidad es limitada y el ingreso es por orden de llegada.

Más de 50.000 personas ya recorrieron la reconstrucción histórica de la obra que Marta Minujín hizo en 1965 junto a Rubén Santantonín en el Instituto Torcuato Di Tella.

La Menesunda según Marta Minujín recupera en la actualidad el conjunto de relaciones materiales, sensoriales y simbólicas que hicieron posible su existencia en 1965.

Fue una experiencia de ruptura respecto a los lenguajes visuales de la década. Durante medio siglo se fue cargando de múltiples significaciones y relecturas, hasta transformarse en una obra central del imaginario cultural argentino.

Hoy, el Moderno propone una experiencia que apunta a repensar la carga legendaria depositada en la obra original. De esta manera, la reconstrucción realizada en 2015 invita a hacer nuevas lecturas del pasado, pero también despierta reflexiones y sensaciones en un contexto contemporáneo.

¡Hasta el 22 de mayo tenés tiempo para volver a visitarla!

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“La Menesunda”: un regreso a los ‘60 de la mano de Marta Minujín

En el Museo de Arte Moderno .Un recorrido a través de once ambientes, que reproduce la obra que los artistas mostraron en el Di Tella hace 50 años.

Una excursión a los años sesenta. Eso será, entre otras cosas, la reconstrucción histórica de La Menesunda que podrá verse desde el 8 de octubre y hasta febrero en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires (Mamba).

Hablamos de ese recorrido por once ambientes que instalaron Marta Minujín y Rubén Santantonín en el Instituto Di Tella, entre mayo y junio de 1965. Que levantaron con la colaboración de otros artistas como Leopoldo Maler, David Lamelas, Rodolfo Prayon, Floreal Amor y Pablo Suárez, y de un maestro mayor de obras. Que estuvo disponible para que la experimentaran no más de ocho personas a la vez unos quince días, y quedó destruida por el uso. Que recibió, estiman los investigadores del Mamba, unas 300 o 400 personas por día, números muy convocantes para la época, y que ahora ocupará 500 metros cuadrados en el primer piso del museo para quienes quieran atravesar sus distintos espacios, pensados hace cincuenta años.

La experiencia empieza incluso antes de entrar a la obra: hay una reproducción del acrílico rosa detrás del que se formaba la fila para entrar en La Menesunda cuando se instaló en el Di Tella –recuerden, no más de ocho personas a la vez, no más de un niño por adulto–. Un cartelito dice “Primero suba”, y una escalera sube. Hay un pasillo con siete televisores. Cinco muestran noticieros de 1965, que el Mamba obtuvo en el Archivo General de la Nación. Los otros dos reproducen, por circuito cerrado, lo que una cámara capta en ese momento en la sala. Nada que no hayamos visto en algún negocio con la advertencia de que sonriamos. Pero hace medio siglo, La Menesunda fue la primera obra argentina en apelar a esta tecnología. Del pasillo con televisores se sale por dos puertas. Hay que elegir la propia aventura: la puerta de la derecha va a una habitación con una cama con una pareja. Ella teje, a veces charlan, a veces leen el diario, siempre escuchan alguno de los primeros cuatro discos de Los Beatles, los únicos anteriores a la inauguración en el Di Tella.

Una escalera baja a un túnel con luces de neón: los productores de 2015 miraron videos de 1965 para determinar forma, color y hasta secuencia de prendido y apagado de esos tubos. Hay “ruido a Lavalle” –así lo definió Minujín ante los productores, a quienes les pidió que no sonaran bocinas porque se trata de una calle peatonal– y olor a frito. De ahí, una escalera sube de nuevo hasta el pasillo de los televisores y ahora la aventura es la puerta de la izquierda: una escalera (otra escalera) baja muy empinada hasta una especie de óvalo rosa. Está recubierto de cajas y envases de maquillaje Miss Ylang, que dejó de venderse en la Argentina así que hubo que reproducirlo para que fuera el mismo que en 1965. Una maquilladora ofrece maquillar la cara del visitante, una masajeadora le propone sentarse y recibir un masaje. El óvalo está perforado: un agujerito en la pared invita a espiar y descubrir que, afuera, un espejo refleja la parte exterior de la habitación, y que se trata de la cabeza de una mujer. Que en ese momento, el piso es mullido, habitamos la cabeza de una mujer.

La excursión sigue en una habitación con un canasto giratorio: hace medio siglo, Minujín y Santantonín lo pensaron eléctrico, con motor. Pero cada vez que lo prendieron, cortaron la luz del Di Tella. Así que funcionó manualmente, y manual es ahora. El visitante tiene que hacer que las puertas del canasto coincidan con las puertas de dos ambientes. A la izquierda, una habitación espiralada de la que cuelgan bolsas roas de polietileno, que los artistas definían como “intestinos”, y al final del espiral, sacando la cabeza por un agujero, se ve una pared negra en la que se proyectan imágenes de Un verano con Mónica, una película de Ingmar Bergman de 1953. De vuelta en el canasto, la puerta de la derecha va a “la ciénaga”, un pasillo mullido en el que resuenan pisadas sobre el barro. Próxima parada: “el teléfono”.
Huele a consultorio odontológico –un laboratorio está trabajando en la reproducción de esa sensación entre séptica y horrible que da llegar al dentista– “Marta decide el último olor”, dicen los curadores- y para avanzar al próximo espacio hay que acertar el número del dial telefónico que destraba la salida. En algunas crónicas de 1965, los periodistas revelaban la clave. No será éste el caso: hágalo usted mismo.
Al próximo ambiente se entra por la puerta de una heladera Siam 100, está a temperatura bajo cero y se escucha el viento.

La anteúltima parada es lo que Minujín define como un “bosque de texturas”: del techo cuelgan formas recubiertas de lija, de lana, de terciopelo que el visitante roza antes de acceder al final del recorrido. Se trata de un octógono de paredes de espejo: al entrar, la luz blanca se apaga y se prenden una luz negra y varios ventiladores que arremolinan el papel picado que está en el piso. Una cabina de acrílico en el medio de la habitación se mueve e invita al visitante a mirar todo desde ahí, a mirarse en los espejos, a escuchar los autos desde lejos, cierto barullo de la calle. Ese barullo que va a estar esperando cuando el recorrido haya terminado, en la puerta del museo, sin freno aparente. “Creo que esta reconstrucción de La Menesunda tiene que ver con un nuevo acercamiento hacia la obra como experiencia. Quizás en las últimas décadas nos hemos ido hacia un dominio muy fuerte de lo visual y la experiencia ha quedado un poco de lado; en este momento tan mediado por la tecnología, esperamos que el público pueda volver a una experiencia no mediada”, explica Sofía Dourron, del equipo de curaduría del Mamba.

De experimentar se trató la propuesta de Minujín y Santantonín hace cincuenta años, y de eso mismo se trata esta reposición. De un recorrido que dura once ambientes y entre diez y quince minutos; que se huele, se escucha, se mira, se toca. Que no entra en esta página del diario.
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Sí, hay vuelta atrás

Volver siempre cuesta. Volver a la rutina parece un parto. Volver al trabajo, a la facultad, a tus problemas con la familia, a tus tareas suele resultar agotador. Pero, cuando volvés a tu casa siempre estás contento. ¿Quién no extraña su cama luego de unas largas vacaciones? Yo,  amo mi cuarto, es mi espacio en mi casa donde soy yo por completo. Cada cosa de mi habitación denota una característica mía. Un simple cuarto puede dar a conocer muchísimo de una persona. Si hay algo que extraño cuando estoy lejos de mi casa, es esas cuatro paredes donde paso encerrada tanto tiempo. No será la habitación más lujosa del planeta, pero es mío y por eso lo aprecio tanto.

Nunca lo había pensado de esta forma, pero la verdad es que somos muy posesivos. No solo con las cosas materiales, sino con las personas, con nuestras relaciones. Se me viene a la cabeza la imagen de un nene marcando territorio, diciendo “es MI mamá, no tuya”. Somos posesivos con las personas que más queremos. Cuando ese amigo/a que tanto querés y con el cual pasas tanto tiempo se pone de novio/a, sentís que lo/a perdés. Te pones celoso, putiás, criticás al novio/a y al fin y al cabo lo hacés por celos, porque sos posesivo y querés a tu amigo todo el tiempo para vos.

Por supuesto que hay distintos grados de posesión, yo -por ejemplo- soy así con mi mamá. Criticas a mi mamá, y te metes conmigo. Con mis amigos más cercanos puedo llegar a ser celosa cuando me siento “reemplazada”, pero jamás me consideraría una persona posesiva respecto a mis amigos.

En fin, extrañaba irme por las ramas. Extrañaba escribir cualquier cosa y dejar que mis pensamientos fluyan y se plasmen en palabras. No tenía planeado escribir nada específico. Solo tenía en mente que escribiría hoy, 12 de mayo del 2016, y que trataría de explicar por qué lo hacía y por qué había dejado de hacerlo.

Pasaron ya casi 5 meses de lo que va el año, y recién hoy pude animarme a escribir de nuevo. Nunca me imaginé escribiendo, por escribir. Estudio Comunicación Social y de todas las orientaciones que tiene mi carrera, la que menos me llama es la de periodismo. Siento que no encajaría nunca en esa profesión, por mi forma de ser, por mis intereses. Soy muy cambiante, estructurada en algunas cosas y muy relajada -por así decirlo- en otras. No me veo trabajando ni loca en una redacción. Pero, un blog es muy distinto a trabajar en un diario o una revista.

Un blog es como un cuarto, es como una parte del otro. Podés conocer a una persona por solo leer su blog. Será un extraño, en sentido de que estás conectado solo por una pantalla y un par de caracteres. Pero, a la vez podrá parecer un amigo con el cual comentás y compartís intereses, porque la escritura también es como un cuarto. Las palabras describen tus pensamientos, los ordenan y les dan tu toque personal, y eso es lo que hace que cada blog sea único.

Por eso, hoy quería contarles porque estuve tanto tiempo “desaparecida”, sin postear. Si me lo pongo a pensar, la verdad es que dejé de escribir por boba, por miedosa, por cobarde. Por insegura. Empecé como siempre con una excusa. Y esta excusa se conectó con otra excusa, y esta última arrastro a otras dos más y así sucesivamente, hasta que se creó una red de excusas. Esta red de excusas que comenzó como una simple barrera, terminó en convertirse en una muralla. Y esta muralla parecía muy difícil de trepar.

Me acuerdo que a fin de año estaba muy consumida por la facultad, agotada de trabajos y entregas de último momento y con la cabeza en los finales que tenía que aprobar. A su vez, cansada porque era fin de año… Después, tuve vacaciones. En ese tiempo, me dedique a ponerme al día con todas las series que miraba, miré las películas nominadas a los Oscars, me junté con amigos, etc. A mitad de Enero, me fui de viaje con mi familia. Volví y empecé a rendir de nuevo. Terminé, tuve una semana de vacaciones y volví a cursar. Desde marzo hasta abril la verdad es que no tuve muchas ocupaciones, más que nada fue el retorno a la rutina, volver a ver a mis amigos y a madrugar… Ahí podría haber vuelto, pero la verdad es que nunca se dio el “momento”. Hasta hoy, que de la nada se ve que me dieron ganas de escribir o no sé capaz fue que me picó el bichito de la imaginación, que se yo.

Como dije en otros de mis posts, este blog lo abrí para escribir sin límites de tiempo ni exigencias. El año pasado me sorprendí a mí misma escribiendo tan seguido. Espero poder volver a ese ritmo, pero la verdad es que nunca me identifiqué con las rutinas y es por eso que no me veo como periodista. Yo creo que otra de las razones por las cuales dejé de escribir fue porque capaz necesitaba extrañarlo. Por un momento, el blog se me volvió rutina y dejé de quererlo. El año pasado venía muy cansada y necesitaba un descanso de todo, de lo bueno y lo malo, para poder mirar desde lejos y analizar de cerca lo que me estaba pasando.

Creo que otra de las razones de mi vuelta, fue el reencontrarme con mi carrera y con mis pasiones. Últimamente venía pasando por alto muchas cosas, estaba viviendo superficialmente, sin pensar dos veces las cosas, sin ser agradecida… Ahora, me siento completa de nuevo. Estoy feliz en todo sentido: con mis amigos, conmigo misma, con la carrera que estudio. Hace mucho tiempo que no me encontraba así de motivada, cuando arranqué el cuatrimestre estaba “arrecha” como dice mi amiga ecuatoriana (enojada, histérica) con las materias porque no me gustaban y las clases que daban los profesores no me cerraban. Por suerte, esto cambió y ahora no paro de pensar en que quiero empezar ya a trabajar, a dedicarme a lo que me gusta, a aprender y experimentarlo en primer plano y no solo como estudiante.

Para cerrar, si volvés es porque querés. Ya sé que suena a un slogan de supermercado, pero es verdad. Volver implica querer algo de nuevo. Por eso, hoy no prometo volver todas las semanas como antes, pero si me propongo no volver a abandonar mi blog por excusas baratas ni por inseguridades mías.

Saludos,

-Rebecca

 

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“Antes de la Guerra existían más de un millón de cristianos en Siria. Necesitamos ayuda de otros cristianos”.

Refugiado cristiano sirio en España: «Necesitamos la ayuda de los cristianos de todo el mundo»

Abbud (nombre ficticio) es un refugiado sirio, greco-católico, que se encuentra viviendo en una ciudad castellana (cuyo nombre también omitimos, por la seguridad de Abbud y la de su familia). Cuando recuerda a su patria no puede evitar que su semblante cambie y sea la tristeza la que impere en sus gestos porque el recuerdo de lo que allí ha dejado pesa mucho en su corazón. Cuando habla de su padre, fallecido recientemente, sus ojos denotan su emoción porque no puede volver a su país.

(Juan Francisco Pacheco/Unomasdoce) Su participación en la JMJ de 2011 hizo que pudiera conocer a la familia que hoy en día le ha tendido lazos para establecerse en España. Gracias a la ayuda de Cáritas puede afrontar una nueva vida.

¿Cómo vivías en Siria?
Soy natural de Alepo, allí vivía con mi mujer y mis dos hijos. Soy licenciado en Derecho y ejercía como abogado en mi ciudad. Mi casa está en la parte oeste de la ciudad. Antes de la guerra vivíamos bien; trabajaba en mi bufete. Podíamos viajar y vivir bien.
Al estallar la guerra, el control militar de Alepo se divide en dos: una parte es tomada por los grupos armados y la otra es controlada por el Gobierno. Mi zona estaba controlada por el gobierno sirio. La situación más dura la sufren los que viven en el área de la zona de Alepo controlada por el Gobierno porque a diario hay cohetes, morteros, bombas, coches-bombas, secuestros, bloqueos, cortes de electricidad y de agua, también cortes de carretera entre Alepo y otras ciudades. No dejan entrar alimentos a esa zona. No es una vida normal. Así llevamos tres años y medio.

Cuando empieza la guerra en Alepo ¿cómo reaccionaste?
En marzo de 2011 estalla la guerra en Siria; en octubre comienza en Alepo cuando la zona oriente de Alepo es tomada por los grupos armados. En ese momento vimos que nuestra vida corría peligro; teníamos miedo porque no sabíamos si cuando salías de casa por la mañana podrías regresar por la tarde. Pero decidimos esperar.

¿Cuándo decides huir de Alepo con tu familia?
En 2013 había empeorado notablemente la situación. La zona este de Alepo estaba bloqueada. Muchos ciudadanos de Alepo se estaban planteando huir a Europa. Entonces decidimos salir de Alepo. Había dos maneras: una de ellas es ilegalmente como está ocurriendo ahora en gran medida, la otra era a través de un visado. Intenté esta segunda opción a través de dos embajadas, una de ellas era la de Francia y otra la de España.

¿Por qué decidisteis elegir España?
Vine a España en agosto de 2011 para participar en la JMJ junto con mi esposa. Aquí conocimos una familia que nos acogió y con esta familia entablamos amistad. Tras la JMJ pudimos volver a Alepo cuyo aeropuerto aún funcionaba entonces. En ese momento todo el mundo se preguntaba qué estaba ocurriendo. Y pudimos comprobar que la situación iba empeorando.
Finalmente pensamos en España porque la familia que nos acogió durante la pasada JMJ nos invitó y tendió lazos para facilitar los trámites.

¿Cómo reaccionó tu familia cuando propones salir de Siria?
Ellos estaban de acuerdo porque la situación era crítica. Mis hijos iban al colegio y no sabíamos si podrían volver porque los grupos armados llevan a cabo secuestros, coches-bomba… era la tónica diaria. Ante el miedo, todos decidimos huir. Tanto a mi esposa como a mis hijos les pareció lo más oportuno. Mis hijos tenían entonces 15 y 10 años respectivamente.

¿Cómo tuvo lugar la salida del país?
No podíamos salir de inmediato porque los grupos armados bloquearon las salidas de Alepo hacia otras ciudades y muchos cristianos han sufrido secuestro y desaparición y hasta ahora no se sabe nada de su paradero. Hasta 2014 no pudimos hacerlo. Entonces el Gobierno abrió caminos que son muy largos pero seguros. Esto es mejor que otras rutas. En mayo de 2014 decidimos viajar desde Alepo hasta la frontera del Líbano en coche y al llegar a la frontera pudimos pasar al país vecino con nuestros pasaportes. Nos dirigimos a la Embajada de España donde solicitamos el visado. Allí nos dijeron que tendríamos que esperar un mes para saber la decisión. Tuvimos que volver, de nuevo, a Alepo porque no podíamos vivir en Líbano. Era caro.

Al mes nos avisaron desde la embajada española de que sí nos darían los visados y entonces salimos por última vez de Siria. Nos dirigimos nuevamente en coche hasta la frontera del Líbano; entramos en el país y fuimos al aeropuerto de Beirut desde donde tomamos un vuelo a España.

¿Cómo fue la llegada España y cómo pudisteis encontrar hogar?
Nuestros amigos de la JMJ nos abrieron su hogar y nos ayudaron; juntamente con la parroquia a la que pertenecen. Nos ayudaron a encontrar casa y también por medio de Cáritas podemos afrontar gastos. Cuando llegamos a España mis hijos me decían que necesitaban fuerza para seguir adelante porque no teníamos casa, ni trabajo. Pero necesitábamos comenzar una nueva vida porque corríamos peligro en Alepo. Nosotros hemos percibido la ayuda y cercanía de la Iglesia para que no nos sintamos solos. Desde Cáritas no nos falta ayuda para afrontar nuestra nueva situación.

¿Te gustaría volver?
Sí. Pero no sabemos cuándo terminará la guerra. Mientras que haya guerra en Siria nuestra vida allí no es segura.
No pensamos volver de momento. Nuestro mayor problema aquí es la situación económica pero la vida es tranquila y tengo esperanza en encontrar trabajo. Queremos tener nueva vida.

¿Qué es lo más duro que te ha tocado vivir hasta ahora?
La muerte de mi padre hace tres meses en Alepo. Mis padres vivían allí y para mí ha sido muy duro no haber podido acompañar a mi madre en estos momentos tan difíciles.


¿Conoces cristianos desaparecidos?
Se oye mucho que hay muchas personas que mueren durante el camino de huida hacia El Líbano. Se habla de secuestros de sacerdotes, obispos, etc. Por otro lado, los cristianos vivimos en zonas concretas y se sabe cuál es la zona mayoritaria de cristianos de Alepo. Y estas zonas son bombardeadas y allí mueren muchas personas a diario.

¿Tienes miedo de grupos radicales?
Sí. Tenemos experiencia con los grupos radicales islámicos. Ellos atacan a todos los que no piensan como ellos ya sean cristianos o musulmanes. En Siria hay muchos grupos islámicos radicales como ISIS o Al-Nusra y otros que llegan desde Chechenia o Europa. Su objetivo es que todo el mundo tiene que pensar como ellos. Los cristianos en Siria no pueden actuar con libertad, no pueden profesar públicamente su fe. No hay libertad.

¿Crees que la sociedad europea está más sensibilizada ahora con el tema de la guerra siria?
Es muy triste lo que voy a decir pero creo que si los refugiados no hubieran salido de esa manera de Siria hace un par de meses, la mayoría de los europeos no hubieran sabido lo que ocurre en Siria.


¿Qué pides a Dios para Siria?
Le pido la paz y que termine esta guerra. Antes de la guerra mi pueblo vivía bien. Yo pienso que en la Biblia hay palabras que indican que los cristianos formamos un solo cuerpo; si algún órgano del cuerpo sufre todo el cuerpo sufre. Necesitamos la ayuda de los cristianos del mundo para Siria. Antes de la Guerra existían más de un millón de cristianos en Siria. Necesitamos ayuda de otros cristianos.

Páginas de Facebook: SOS Cristianos en Siria y Amigos de Irak

La hermana Guadalupe denuncia la guerra y la persecución de los cristianos en Siria

Buenass!
Les comparto esta entrevista que realizó una amiga de la facultad. Súper interesante.

Guadalupe Marino

La monja argentina Guadalupe Rodrigo, pertenece a la congregación del Verbo Encarnado y desde 2007 se encuentra misionando en Siria. “Estas guerras no empezaron en la calle, entre el pueblo. Se planearon en un escritorio con todos los detalles”, comenta la hermana.

Siria es un país del Medio Oriente que actualmente está bajo los constantes ataques de los grupos islámicos extremistas. Los sirios se enfrentan a un genocidio donde los barrios cristianos son los principales blancos del conflicto. El país tiene 22 millones de habitantes, de los cuales 12 millones son refugiados. Los medios hablan de una guerra civil en contra de la dinastía al-Asad, que rige el país desde el año 1970.

La hermana Guadalupe Rodrigo es una monja argentina que desde 1996 realiza misiones en Alepo, Siria. Nació en Villa Mercedes, San Luis, donde terminó sus estudios primarios y secundarios. Empezó a estudiar economía en la universidad…

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